Pedro Lemebel
Demasiado barato quiere comprar este paisito, don Piñi; usted que va
por la vida tasando y preguntando cuánto vale todo. Y de un guaracazo
se compra medio Chiloé, con botes y palafitos incluidos. Con cerros,
bosques y ríos, hasta que se pierde la mirada en la distancia, le
pertenece a usted.
¿Cómo puede haber gente dueña de tanto horizonte? ¿Cómo puede haber
gente tan enguatada de paisaje? Me parece obscena esa glotonería de
tanto tener.
Me causa asombro que, más encima, quiera dirigirnos la vida desde La Moneda.
Muy barata quiere rematar esta patria, don Piñi, y sólo con un
discurso liviano de boy scout buena onda. Pura buena onda ofrece
usted, don Piñi boy, como si estuviera conquistando al populacho con
maní y papas fritas. Nada más, el resto pura plata; empachado de
money, quiere pasar a la posteridad sólo por eso. Porque cuando cita
mal a Neruda se nota que a usted le dio sólo para los números y no
para la letra.
Es decir, usted es puro número y cálculo, señor Piñi, poca reflexión,
Poco verbo, poca idea, aunque esa es la única palabra que usa entre
sus contadas palabras efectistas. Buena onda y futurismo. Las heridas
se parchan con dólares. La memoria queda atrás como una tétrica
película que olvidar.
Sin vacilar marchar, que el futuro es nuestro (parece himno de la
juventud nazi). Así arenga usted a este pueblo embelesado con los
adelantos urbanos hechos por la Concertación. Nadie sabe para quién
trabaja, y usted la encontró lista.
O sea, usted se pasa de listo, don Piñi. Quiere hacernos creer que
siempre fue demócrata, pero lo recordamos clarito sobándole el lomo a
la dictadura, haciéndole campaña a Büchi, amigote de la misma patota
facha que le anima la campaña. Los peores, la gorilada del terror.
Parece que este suelo nunca aprendió la lección, ni siquiera a golpes,
y con facilidad se traga el sermón de la derecha pinochetista, ahora
remasterizada con piel de oveja neoliberal. Pero son los mismos de
entonces, soberbiamente gozando los privilegios de la democracia que
conseguimos nosotros, y sólo nosotros, porque también yo dudo que en
el plebiscito votara que no simpatizando por la derecha. Mire usted
qué fácil le resultaba tratar de transformar el Mapocho en un Sena con
sauces. Puro arribismo, intentar domesticar con terracitas y botecitos
parisinos a nuestro roto Mapocho, quizás lo único rebelde que le va
quedando a esta ciudad. Qué delirio, míster Piñi, ¿por qué no se va a
Europa si cacha que nunca va a poder blanquear la porfiada cochambre
india de nuestra raza? Quizás todo el país se acuerda de usted
formando parte de la nata panzona del derechismo empresarial. Por
entonces, en aquella época de terror, quien hacía fortuna de alguna
manera era a costa de las garantías de la represión. Usted llenaba sus
arcas, don Piñi, y nosotros sudábamos la gota gorda, o la gota de
sangre. Fíjese que no se nos ha olvidado, y nunca se nos olvidará,
aunque a usted le reviente que el pasado aflore cuando menos se lo
espera. A usted ni a sus yuntas de pacto les conviene el pasado, por
eso miran turnios y amnésicos al futuro.
Su discurso Disneyworld, míster Piñi, no resiste análisis, y sólo el
arribismo miamista de algunos chilenos le compra su receta de vida
fácil, su filosofía banal de texano paticorto. Usted me recuerda a
Bush, a Menem, Piñito. Es la nueva derecha titiritesca y farandulona.
Puro show, pura foto tecnicolor de mundo feliz con sus sombreros
republicanos en el Crown Plaza. Pero le falta la cultura a su
centroderecha inmediatista. No hay peso intelectual en su carnavaleo
de propaganda. Nada más que modelos tetudas y parientes de hippysmo
revenido. Demasiado barato quiere rematar este país, Piñito. Ni
siquiera basta con su cátedra fantasma en las aulas de Harvard.
Tampoco, usar de propaganda la limosna que puso por mi amiga Gladys en
sus últimos momentos; eso es muy feo, y de mal gusto. Sobre todo para
usted que es tan humanista cristiano. Porque usted es pillo, Piñín.
Quiere sacar adherentes de todos lados, como si este país fuera
sombrero de mago. Lástima que la oferta de su vanidosa feria de
variedades huele a ventaja populista. Nada más, don Piñi; el resto,
esperar con cueva lo que ocurra en el transpirado enero.
Pedro Lemebel
diciembre de 2.005